Publicado el 15 de Julio de 2005
Aunque en una sociedad sana no debería nunca tener que escribir una carta como ésta, me veo en la necesidad de explicar algo que no merecería más de 35 segundos de atención a una persona madura y comprensiva.
El tema es bien sencillo. No creo en las religiones, de hecho soy algo parecido a un agnóstico, si bien la palabra puede tener distintos significados y como en mi ánimo no está el encasillamiento, muchas veces tengo que explicar cual es mi visión de las cosas.
Pero explicar lo que pienso sobre mi visión de las cosas no entra en el debate puro del hecho de que no creo en la religión cristiana católica a pesar de haber sido educado en dicho ambiente, o tal vez por ese motivo.
El simple hecho es que no creo y con tal postura sólo pido el respeto que los mismos que rechazan mi parecer me exigen. No entiendo por qué motivo he de aceptar algo cuando equivalentemente ellos no aceptan mi postura. Me indigna su indignación de que no quiera participar activamente en una ceremonia que en su jerga podría calificar yo mismo como herética si el agnosticismo fuera religión.
No se me ocurriría incitarles a realizar durante sus reuniones religiosas manifestaciones a favor del comunismo, el hinduismo o el islamismo. Ni siquiera a favor del agnosticismo o el ateismo.
Cada persona debe ser respetada aunque sospechemos que las ideas que tienen son fruto del dogmatismo, la herencia o la sangre. El debate debería ser en otro nivel y que no en uno que afecte a otras personas, en su vida futura, cuando la inconciencia de la temprana niñez lo mantiene todavía alejados de nuestros cualesquiera prejuicios que tengamos. No es comparable esta ceremonia a otros actos que se hacen por el bien de un bebé, como darle de comer o darle calor o bañarle. Es parte esencial de la educación de una persona y sobre educación, hay que ofrecer todas las visiones de las cosas sin negar ninguna. El bautismo predispone directamente a rechazar todas las que no comulgan con los preceptos expresados en la doctrina del dogma católico.
No estoy de acuerdo conque ciertas actividades se deban tomar a la ligera. Siempre he respetado a aquellas personas que me han demostrado su valía, independientemente de la religión que profesen, y no he dudado en atacar a cualquier agnóstico o ateo que no me han demostrado valía alguna.
No se trata de eso. La religión no se debe tomar a la ligera, ni sus ceremonias. Siempre le he pedido a la gente religiosa que sea consecuente con sus creencias, y que sean críticas con lo que les rodea, incluyendo su propia religión. Asumir ciertos comportamientos basados en la presión del grupo, de la sociedad, nos hace esclavos ya no sólo de unas creencias que no compartimos, sino de nuestros propios temores. Si bien en muchos casos es justificada dicha asunción, en mi caso no lo es.
Que conste que no voy a hacer activamente nada para impedir el bautizo de mi hijo, me limito a negarme a participar en la ceremonia, algo que entiendo no debería extrañar a nadie que me conozca. En definitiva, soy consecuente con mis creencias, y eso es lo que debería respetarse a ultranza, si bien podría oponerme activamente por entender que la razón me asiste; es notorio que el hecho de que no se bautice no le penalizaría de cara a los creyentes, si se tiene en cuenta que cuando crezca podría muy bien decidir bautizarse, como se hacía en la antigüedad, del mismo modo que puede desear hacer la primera comunión e incluso confirmarse. Ahora bien, el temor es más bien que no desee hacer ninguna de esas cosas por causa tal vez de mi influencia y sería, al final, de cara a la Iglesia que tanto de importan las cifras de fieles, un registro perdido.
Tal es la mecánica que repudio. Todavía no tengo muy claro si un ex-católico puede borrarse de tal registro. No me considero ya dentro de la iglesia y si me preguntan, y siempre fruto de muchas horas de reflexión, podré decir con convicción que no soy católico. Eso no implica que sea malo o desconsiderado. Sé, soy consciente de ello, que es muy difícil para la sociedad, luchar contra la corriente, en estos momentos creciente, de resurgimiento e invasión de todo lo religioso.
Mas no sería fiel a mí mismo si transigiese con el acto del bautizo activamente, esto es, que mintiera y participase de una ceremonia tal.
Ahora bien, creía yo que no haría falta justificar mi postura, pero ciertas reacciones, en nada comparables a las que he tenido yo a colación de tan desagradable asunto, me impelen a explicar algo que cae por su propio peso.
Pensé que había optado por la mejor de las decisiones posibles, que era dejar que lo bautizasen contra mi parecer y sin yo participar, y únicamente por respeto a su madre que a nadie más de la familia. Ella, mi mujer, decide que le quiere bautizar y no creo yo que mi opinión deba pesar más que la de ella, así que cedo, si bien podríamos debatir el tema llegando finalmente a la misma conclusión. Ella, y sólo ella es la que toma la responsabilidad de dicho bautizo y los demás deberían hacerse a un lado.
Al final sale el argumento de que todo es por el pequeño. No creo que sea así. Nada sabe él del significado de esa agua sobre su cabeza. Sólo la familia reunida tiene conciencia, quien más quien menos, de lo que significa. En cambio a mí me irrita ya que comprendo toda su dimensión social y humana. Yo ya he cedido, tan sólo esperando la misma compresión y respeto que he demostrado y aún y todo me recriminan que no ceda más… ¿por las apariencias? ¿Desean acaso que mienta? Son esas contradicciones, que no se sostienen ante un examen lo más minimamente serio, las que no acepto.
En el futuro espero que mi hijo siga adelante y aprenda su propio camino. No escatimaré en darle todos los recursos a mi alcance para que sea capaz, por si mismo de rechazar o abrazar una religión. Espero que haga lo que haga, siempre sea consecuente para con si y para los demás. Que sea buena persona no dependerá ya tanto de a que credo deba pleitesía, o si acaba debiéndose a la causa intemporal, sin fronteras ni religión del ser humano y el bien, desde el rechazo primigeneo a todas las religiones de este pequeño planeta azul.
Mario Pena (cc) by-sa-nc
Exelente amigo; pienso igualmente a vos. Estoy por tener un hijo y la verdad mientras el no tenga uso de razon no le voy a inculcar ninguna religion xq eso mismo es lo que ha dividido al mundo, las religiones cosa q para mi no existe.
Cuando el tenga conocimiento de las cosas y pueda tenber criterio pues q el decida.
Hola André, me alegra leer tu comentario. Lo más importante es el pensamiento crítico, lo que ocurre es que cuando alguien piensa y es crítico suele evitar creerse nada de la religión.
Muchas gracias por tu texto, me siento bastante identificado porque en este momento estoy pasando por lo mismo, mi hijo será bautizado, porque respeto a su madre y mi mujer, pero poca gente me respeta a mi y es frustante el no saber llegar tus convicciones para hacerse respetar
Hola Nomar, por supuesto es tu decisión, pero te aseguro que hoy me arrepiento profundamente de haber accedido a que le bautizaran. Si pudiera volver atrás no dejaría que le bautizaran. Me parece una humillación y un insulto hacia mi hijo. Ahora plantaría cara y diría que no, que cuando sea mayor y tenga capacidad de juicio si quiere que se bautice, pero no cuando no es así. Soy su padre y mi deber es protegerle y ahora mismo es vital acabar con la superchería de las religiones allí donde campen. Debemos respeto y honestidad a nuestros hijos y eso signfica luchar por aquello que sabemos cierto, aunque duela. Es duro, pero tengo que decirlo. No obstante comprendo tu postura porque así lo racionalicé yo en su día.